Más que atención médica
Si bien Shay recuerda bien el dolor físico de la recuperación, su recuerdo más vívido es el de las personas que lo cuidaron en el Hospital Shriners para Niños.
“Recuerdo que los enfermeros eran graciosos. Fueron geniales. Nos divertíamos bromeando”, dijo. “Pero también era algo serio. Teníamos un trabajo que hacer”.
Una enfermera en particular, una mujer llamada Betty, fue para él un símblo de la cultura que pudo ver en el Hospital Shriners para Niños.
“Cada vez que decía: ‘No puedo hacer esto’, ella me respondía: ‘Claro que sí, vas a hacerlo’”, dijo Eskew. “No andábamos negociando. Era algo como: 'Oye, estamos haciendo esto porque nos importas. Vamos a hacer que vuelvas al ruedo'”.
Esa filosofía contribuyó a moldear la mentalidad que mantuvo Shay el resto de su vida.
“Creo que me reafirmó la idea de que podía lograr cualquier cosa que me propusiera si estaba dispuesto a esforzarme”.
Se atendió en Shriners Children's hasta los 21 años, donde le proveyeron incontables prendas de compresión y dispositivos ortopédicos de plástico para el rostro, cuello y pecho, le realizaron más de 30 cirugías y cuidaron que siempre hubiera un equipo de atención a su lado.
“Sabíamos que estábamos recibiendo la mejor atención del mundo”, dijo.
Esa experiencia sigue siendo una de las razones por las que siente tanta pasión por apoyar a Shriners Children’s hoy en día y contribuir a la misión de la organización de atención médica de brindar atención independientemente de la capacidad de pago o el estado del seguro de la familia.
Pero Shay afirmó que le habría sido imposible imaginar todo esto en 1982.
De superviviente de quemaduras a atleta de resistencia
Volver a la escuela fue difícil. Shay llevaba prendas de compresión hechas a medida que se extendían desde los tobillos hasta el cuello, junto con aparatos ortopédicos de plástico y una mascarilla facial. Recuerda que sus compañeros de clase susurraban y lo miraban fijamente. Sin embargo, en lugar de aislarse, encontró una vía de escape en el deporte.
Primero llegó el béisbol. Luego, el fútbol. Luego, la lucha libre.
“Sentía que la lucha libre estaba hecha a mi medida”, dijo. “Ya no se trataba de quién era el más rápido ni quién era el más grande. Era más bien quién podía soportar más dolor, y la verdad sentí, que haber sido paciente de quemaduras me había preparado para este deporte”.
Esa resiliencia ha sido el motor de sus logros deportivos a lo largo de su vida.
Shay obtuvo dos veces un puesto destacado a nivel estatal en lucha libre, fue incluido en el Salón de la Fama Nacional de la Lucha Libre con la distinción de Medalla al Valor, ganó tres campeonatos universitarios de boxeo y finalmente descubrió los deportes de resistencia. El niño al que una vez le dijeron que nunca iba a poder ser un atleta de competición ha llegado a completar más de 56 carreras IRONMAN/IRONMAN 70.3, maratones en los siete continentes y 14 campeonatos mundiales en seis continentes. Todo esto a pesar de que carece de nervios y glándulas sudoríparas en aproximadamente un tercio del cuerpo.
Sin embargo, Shay ve sus logros como prueba de algo más grande que la habilidad atlética y algo que surgió de la tragedia que se negó a permitir que definiera su vida.
“Mi quemadura me hizo el tipo de atleta que necesitaba ser. Me permitió conectar con una fuerza interior que no sabía que existía”, dijo. “Como tantas otras cosas en la vida, el deporte tiene que ver con la fortaleza mental y la resiliencia. Se trata de la capacidad de silenciar el cerebro cuando te dice que no puedes hacer algo”.
'Alimentando al sueño'
El próximo triatlón en la Antártida representa otra oportunidad de superar sus límites, pero también una oportunidad para ayudar a otros a superarse.
“Espero poder inspirar a otros pacientes de Shriners o a otros niños que se enfrentan a la adversidad”, dijo Shay. “Si has pasado por algún suceso traumático en tu vida, eso te está preparando para algo más grande. Cree en ello, acéptalo”.
Ese mensaje constituye la base de su campaña de recaudación de fondos.
“Hay que alimentar el sueño”, afirmó. “Cuando yo era niño, no había historias de éxito. Nadie me dijo: 'Oye, Shay, mira lo que hizo Jim'. Tú puedes tener una vida así también'. Eso es lo que espero hacer: darles a estos niños una guía para superar toda adversidad que puedan enfrentar”.
Para Shay, cada donación es una inversión en posibilidades. Quiere que los niños con afecciones médicas complejas comprendan que lo que están experimentando hoy no tiene por qué definir su futuro.
“Lo que has vivido te va a brindar dones que la mayoría de la gente en el mundo no tendrá jamás”, dijo.
El próximo desafío
Prepararse para la Antártida significa llevar todo lo que ha logrado en sus actividades deportivas a un nivel totalmente nuevo. Shay se está entrenando con inmersiones en agua fría, natación en lagos durante el invierno y baños de hielo para prepararse para el que será el evento más extremo y exigente a nivel físico de su carrera.
Él reconoce sin titubeos que el reto es intimidante.
“Estoy muerto de miedo. Odio el agua fría”, dijo. “Ni siquiera puedo imaginar cómo voy a nadar en agua a 0 grados. Pero me apunto, sin dudas”.
Si lo consigue, Shay podría pasar a ser uno de los primeros atletas en completar un triatlón organizado en los siete continentes. Pero, tanto si cruza la línea de meta como si no, él ya sabe por qué va.
“Si me hubieras dicho cuando tenía 8 años: ‘Dentro de 44 años, estarás participando en el primer triatlón del mundo en la Antártida’, te habría dicho que estabas loco”, afirmó. No podía ni vestirme solo. Y ahora voy a competir en el ambiente más extremo del mundo”.
Para el niño que una vez estuvo postrado en una cama de hospital dudando sobre su futuro, la Antártida es un desafío deportivo, pero también es mucho más. Es un homenaje a los cuidadores que creyeron en él, un agradecimiento a la organización que le ayudó a recuperar su vida y una oportunidad para garantizar que otros niños reciban la misma oportunidad.
“Los propios Shriners se enteraron de que un niño necesitaba ayuda y lo hicieron posible. No hicieron preguntas e hicieron lo necesario para que esta familia estuviera bien atendida”, dijo Shay, recurriendo a su experiencia deportiva para crear una analogía. “Lo mismo ocurrió con el equipo médico. Hoy en día en el sector sanitario se habla mucho de la experiencia del paciente. Y ahí es donde Shriners Children’s realmente destaca”.