Una persona vestida con ropa deportiva de invierno trota a través de un vasto paisaje nevado bajo un cielo azul brillante. Imponentes picos montañosos se alzan en la distancia, y el sol bajo del invierno proyecta una larga sombra sobre el terreno helado.

La gratitud como motor: Un sobreviviente de quemaduras participa en el primer triatlón en la Antártida y lo hace en apoyo de Shriners Children’s

Shay quiere recaudar 100.000 dólares para Shriners Children's.

El agua estará a 0 grados centígrados.

Es probable que la temperatura del aire descienda muy por debajo de cero. Shay Eskew estará en uno de los lugares más inhóspitos de la tierra, azotado por vientos de 32 kilómetros por hora compitiendo en el primer triatlón antártico. Pero para el expaciente de quemaduras de Shriners Children's, la carrera ni siquiera se acercará al desafío más difícil al que se ha enfrentado.

Hace más de cuatro décadas, Shay, de 8 años, estaba en el jardín de su casa echándose agua encima y a un amigo después de que el hijo de un vecino les prendiera fuego accidentalmente. Sufrió quemaduras graves, con lesiones que cubrían más del 65% del cuerpo. No había ninguna seguridad sobre su futuro ni su supervivencia.

Lo que siguió fueron años de cirugías, rehabilitación y una recuperación que, en última instancia, lo transformaría de superviviente de quemaduras a atleta de resistencia de talla mundial, autor, orador motivacional y, quizás su mayor logro, padre de cinco hijos para quienes intenta ser un ejemplo.

Shay, que ahora tiene 52 años, participará en febrero y marzo de 2027 del primer Triatlón Antártico 100, una prueba de resistencia extrema de 100 kilómetros que incluye un kilómetro de natación en agua a 0 grados, un recorrido en bicicleta de 66 kilómetros y una carrera de 33 kilómetros a través del paisaje helado de la Antártida. Será uno de los tan solo 50 atletas de todo el mundo que se esforzarán al máximo para lograr algo nunca antes visto.

Pero para Shay, el desafío va mucho más allá de cruzar otra línea de meta. Con la participación en este triatlón, Shay espera recaudar 100.000 dólares para Shriners Children’s y devolverle algo a la organización que, según él, sin duda alguna, cambió el rumbo de su vida.

Una vida que cambió en segundos

Shay creció en Decatur, Georgia, con unos padres muy cuidadosos que hicieron todo lo posible para proteger a su hijo de cualquier daño. Era un niño típico de 8 años al que le encantaba montar en bicicleta y jugar en el barrio. En agosto de 1982, su madre le pidió que advirtiera a los vecinos sobre un nido de avispas agresivas cerca de su entrada. A continuación pasó algo que modificaría el rumbo de la vida de Shay.

Cuando un vecino intentó destruir el nido con gasolina, accidentalmente salpicó a Shay y su amigo. La gasolina cayó sobre una cerilla que aún humeaba cerca del nido y se incendió. Las llamas los envolvieron en segundos. Por suerte, Shay se acordó de detenerse, tirarse al suelo y rodar. A pesar de sus heridas, corrió a buscar una manguera de jardín y apagó el fuego que todavía rodeaba a su amigo.

“Recuerdo que me toqué la cabeza y se me cayó todo el pelo”, dijo Shay.

Fue trasladado de urgencia a un centro de traumatología en Atlanta. Luego, hubo una llamada inesperada que lo cambió todo.

Los Shriners de Yaarab en el centro de Atlanta habían escuchado la historia, se contactaron con mis padres y dijeron que querían hacerse cargo de mí. Que tenían un hospital especializado en quemaduras pediátricas en Cincinnati”, dijo Shay. “Mi primer viaje en avión fue en una camilla en una avioneta con destino a Ohio”.

Shay pasó 10 semanas como paciente hospitalizado. No fue un recorrido fácil y, como suele ocurrir con las lesiones por quemaduras complejas, hubo dificultades en el camino. Tuvo una infección que lo llevó a la amputación de la oreja derecha. Los injertos de piel no dieron los resultados esperados y sufrió cicatrices hipertróficas. El tejido cicatricial había fusionado su brazo derecho con su cuerpo, y pasaron más de tres años para que pudiera volver a levantarlo por encima de la cabeza. Tuvo que aprender a escribir con la mano izquierda para terminar el tercer grado.

Durante su infancia y juventud, se realizó muchísimos procedimientos reconstructivos. Hoy en día, se ha sometido a 44 operaciones por sus lesiones Paradójicamente, la más reciente fue exactamente 44 años después del día que sufrió las quemaduras..

Sabíamos que estábamos recibiendo la mejor atención del mundo.
Shay, paciente de Shriners Children’s

Más que atención médica

Si bien Shay recuerda bien el dolor físico de la recuperación, su recuerdo más vívido es el de las personas que lo cuidaron en el Hospital Shriners para Niños.

“Recuerdo que los enfermeros eran graciosos. Fueron geniales. Nos divertíamos bromeando”, dijo. “Pero también era algo serio. Teníamos un trabajo que hacer”.

Una enfermera en particular, una mujer llamada Betty, fue para él un símblo de la cultura que pudo ver en el Hospital Shriners para Niños.

“Cada vez que decía: ‘No puedo hacer esto’, ella me respondía: ‘Claro que sí, vas a hacerlo’”, dijo Eskew. “No andábamos negociando. Era algo como: 'Oye, estamos haciendo esto porque nos importas. Vamos a hacer que vuelvas al ruedo'”.

Esa filosofía contribuyó a moldear la mentalidad que mantuvo Shay el resto de su vida.

“Creo que me reafirmó la idea de que podía lograr cualquier cosa que me propusiera si estaba dispuesto a esforzarme”.

Se atendió en Shriners Children's hasta los 21 años, donde le proveyeron incontables prendas de compresión y dispositivos ortopédicos de plástico para el rostro, cuello y pecho, le realizaron más de 30 cirugías y cuidaron que siempre hubiera un equipo de atención a su lado.

“Sabíamos que estábamos recibiendo la mejor atención del mundo”, dijo.

Esa experiencia sigue siendo una de las razones por las que siente tanta pasión por apoyar a Shriners Children’s hoy en día y contribuir a la misión de la organización de atención médica de brindar atención independientemente de la capacidad de pago o el estado del seguro de la familia.

Pero Shay afirmó que le habría sido imposible imaginar todo esto en 1982.

De superviviente de quemaduras a atleta de resistencia

Volver a la escuela fue difícil. Shay llevaba prendas de compresión hechas a medida que se extendían desde los tobillos hasta el cuello, junto con aparatos ortopédicos de plástico y una mascarilla facial. Recuerda que sus compañeros de clase susurraban y lo miraban fijamente. Sin embargo, en lugar de aislarse, encontró una vía de escape en el deporte.

Primero llegó el béisbol. Luego, el fútbol. Luego, la lucha libre.

“Sentía que la lucha libre estaba hecha a mi medida”, dijo. “Ya no se trataba de quién era el más rápido ni quién era el más grande. Era más bien quién podía soportar más dolor, y la verdad sentí, que haber sido paciente de quemaduras me había preparado para este deporte”.

Esa resiliencia ha sido el motor de sus logros deportivos a lo largo de su vida.

Shay obtuvo dos veces un puesto destacado a nivel estatal en lucha libre, fue incluido en el Salón de la Fama Nacional de la Lucha Libre con la distinción de Medalla al Valor, ganó tres campeonatos universitarios de boxeo y finalmente descubrió los deportes de resistencia. El niño al que una vez le dijeron que nunca iba a poder ser un atleta de competición ha llegado a completar más de 56 carreras IRONMAN/IRONMAN 70.3, maratones en los siete continentes y 14 campeonatos mundiales en seis continentes. Todo esto a pesar de que carece de nervios y glándulas sudoríparas en aproximadamente un tercio del cuerpo.

Sin embargo, Shay ve sus logros como prueba de algo más grande que la habilidad atlética y algo que surgió de la tragedia que se negó a permitir que definiera su vida.

“Mi quemadura me hizo el tipo de atleta que necesitaba ser. Me permitió conectar con una fuerza interior que no sabía que existía”, dijo. “Como tantas otras cosas en la vida, el deporte tiene que ver con la fortaleza mental y la resiliencia. Se trata de la capacidad de silenciar el cerebro cuando te dice que no puedes hacer algo”.

'Alimentando al sueño'

El próximo triatlón en la Antártida representa otra oportunidad de superar sus límites, pero también una oportunidad para ayudar a otros a superarse.

“Espero poder inspirar a otros pacientes de Shriners o a otros niños que se enfrentan a la adversidad”, dijo Shay. “Si has pasado por algún suceso traumático en tu vida, eso te está preparando para algo más grande. Cree en ello, acéptalo”.

Ese mensaje constituye la base de su campaña de recaudación de fondos.

“Hay que alimentar el sueño”, afirmó. “Cuando yo era niño, no había historias de éxito. Nadie me dijo: 'Oye, Shay, mira lo que hizo Jim'. Tú puedes tener una vida así también'. Eso es lo que espero hacer: darles a estos niños una guía para superar toda adversidad que puedan enfrentar”.

Para Shay, cada donación es una inversión en posibilidades. Quiere que los niños con afecciones médicas complejas comprendan que lo que están experimentando hoy no tiene por qué definir su futuro.

“Lo que has vivido te va a brindar dones que la mayoría de la gente en el mundo no tendrá jamás”, dijo.

El próximo desafío

Prepararse para la Antártida significa llevar todo lo que ha logrado en sus actividades deportivas a un nivel totalmente nuevo. Shay se está entrenando con inmersiones en agua fría, natación en lagos durante el invierno y baños de hielo para prepararse para el que será el evento más extremo y exigente a nivel físico de su carrera.

Él reconoce sin titubeos que el reto es intimidante.

“Estoy muerto de miedo. Odio el agua fría”, dijo. “Ni siquiera puedo imaginar cómo voy a nadar en agua a 0 grados. Pero me apunto, sin dudas”.

Si lo consigue, Shay podría pasar a ser uno de los primeros atletas en completar un triatlón organizado en los siete continentes. Pero, tanto si cruza la línea de meta como si no, él ya sabe por qué va.

“Si me hubieras dicho cuando tenía 8 años: ‘Dentro de 44 años, estarás participando en el primer triatlón del mundo en la Antártida’, te habría dicho que estabas loco”, afirmó. No podía ni vestirme solo. Y ahora voy a competir en el ambiente más extremo del mundo”.

Para el niño que una vez estuvo postrado en una cama de hospital dudando sobre su futuro, la Antártida es un desafío deportivo, pero también es mucho más. Es un homenaje a los cuidadores que creyeron en él, un agradecimiento a la organización que le ayudó a recuperar su vida y una oportunidad para garantizar que otros niños reciban la misma oportunidad.

“Los propios Shriners se enteraron de que un niño necesitaba ayuda y lo hicieron posible. No hicieron preguntas e hicieron lo necesario para que esta familia estuviera bien atendida”, dijo Shay, recurriendo a su experiencia deportiva para crear una analogía. “Lo mismo ocurrió con el equipo médico. Hoy en día en el sector sanitario se habla mucho de la experiencia del paciente. Y ahí es donde Shriners Children’s realmente destaca”.

Apoye el viaje de Shay

El objetivo de Eskew es recaudar 100.000 dólares para Shriners Children’s con su participación en el Triatlón Antártico A100. Sus donaciones nos ayudarán a brindar atención especializada de primer nivel para niños con quemaduras, afecciones ortopédicas, lesiones de la médula espinal, diferencias craneofaciales y otras afecciones médicas complejas, independientemente de la capacidad de pago de las familias o el estado del seguro. Para obtener más información o apoyar a Shay, visite su página de recaudación de fondos.

Un atleta de resistencia espera inspirar a quienes enfrentan la adversidad

Shay participará en el primer Triatlón Antarctic 100, donde apunta a recaudar 100.000 dólares para Shriners Children's.

Un participante, ataviado con el uniforme del triatlón Ironman, levanta ambos brazos al cruzar la meta en un recorrido alfombrado de rojo. Los espectadores se alinean a ambos lados del tramo final, detrás de las barreras, con banderas del evento ondeando a lo largo del recorrido y un gran edificio de estilo rústico al fondo. Otro competidor se acerca a la meta detrás del participante que va en cabeza.

Shay compite en uno de sus muchos maratones, un logro que ha conseguido en los siete continentes y en 14 campeonatos mundiales en seis continentes.

Retrato de cerca de un niño pequeño con cabello corto y camisa azul de cuello. Se aprecia una cicatriz curada en la parte inferior de la mejilla y la mandíbula, que se extiende hacia el cuello, y un pequeño tubo médico cerca del cuello. La fotografía parece ser una instantánea antigua tomada en interiores con un fondo ligeramente desenfocado.

Shay, de pequeño, pasa un rato en Shriners Children’s. Durante su infancia y juventud, se realizó muchísimos procedimientos reconstructivos, incluyendo 44 cirugías.

Un atleta con uniforme de triatlón verde y negro, visera a juego y gafas de sol flexiona ambos brazos mientras camina por la zona de meta. Otros competidores, las vallas de la prueba y coloridas banderas bordean el recorrido al fondo, y se puede ver un dorsal con el número 1157 en la cintura del atleta.

Shay celebra cuando cruza la línea de meta en una de sus carreras.

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