Como muchos niños, Elizabeth empezó a caminar a una edad temprana y pasó por diferentes fases de desarrollo. Pero hubo una fase que no superó.
En lugar de caminar apoyando primero el talón, empezó a caminar de puntillas, y con el tiempo, esta fue su forma habitual de caminar. Ahora, a los 11 años, Elizabeth está realizando un tratamiento correctivo en el Hospital Shriners para Niños de Texas.
La marcha de puntillas es bastante común en los niños pequeños, ya que están empezando a aprender a mantener el equilibrio y a desarrollar la coordinación. La mayoría lo superan a los 2 o 3 años. Cuando esta marcha continúa más allá de eso sin una causa clara, se lo llama marcha de puntillas idiopática. Aunque pueda parecer inofensivo, la marcha de puntillas persistente puede provocar cambios físicos negativos a largo plazo, como una menor movilidad del tobillo y problemas de equilibrio.
Para Elizabeth, lo que comenzó como un simple hábito de caminar derivó en una tensión en el tendón de Aquiles y en los músculos de la pantorrilla. Finalmente, ya no podía apoyar todo el pie en el suelo. Sufría tropiezos frecuentes y se fatigaba con cualquier actividad física.
“Caminar continuamente de puntillas provoca una tensión del talón de Aquiles, y cuando este se tensa demasiado, el pie no llega a quedar plano”, explicó Hannah Zesiger, MS, L/CPO, protesista del Hospital Shriners para Niños de Texas. “Así que Elizabeth llegó a un punto en el que su pie había perdido la capacidad física de apoyarse plano en el suelo”.