Lo llamaban el “Trencito chu-chu”. Era una rutina de juego que hacía reír mucho al bebé Bryher, de 16 meses.
Él se subía a una carreta y su abuelo la arrastraba con una cortadora de césped con asiento. Un día, sin embargo, Bryher se escabulló del carro sin que nadie se diera cuenta. Cuando la cortadora retrocedió, pasó por encima de él y resultó herido. Sufrió graves lesiones en la parte inferior de la pierna, y resultó con el tobillo y la placa de crecimiento seccionados.
Bryher fue atendido de inmediato en un hospital de San Antonio, donde pasó casi un mes en tratamiento. Los médicos se esforzaron por salvarle el pie, y lograron restablecer el flujo sanguíneo a pesar de la gravedad de las lesiones del niño. Sin embargo, durante su infancia, se hizo cada vez más evidente que salvar el pie iba a conllevar problemas a largo plazo. Al carecer de una placa de crecimiento funcional, el pie se le fusionó y se torció. A la edad de 4 años, tras mucha reflexión, la familia tomó la difícil decisión de avanzar con una amputación. La cirugía, realizada en el Hospital Shriners para Niños de Texas, fue un punto de inflexión en la vida de Bryher.
Desde entonces, Bryher no ha parado por un segundo. Es un niño de 9 años enérgico e intrépido que afronta la vida con entusiasmo. Le encanta montar en bicicleta con sus amigos, y construye y salta en rampas caseras. Bryher monta en bicicleta con confianza con su pierna protésica. Sus amigos lo conocen por sus temerarias hazañas. Tampoco tiene reparos en mostrar sus golpes y moretones.
Como nadador nato desde pequeño, Bryher también pasa mucho tiempo en el agua. Gracias a la atención innovadora del Hospital Shriners para Niños, ahora utiliza un “muñón para nadar”: una prótesis personalizada fabricada con materiales modificados para proteger su pierna lesionada. Esta solución simple pero creativa del servicio ortopédico y protésico pediátrico de Shriners Children’s (POPS) le permite nadar en ríos con lechos rocosos sin preocupaciones y disfrutar cada segundo en el agua.