“Todos estamos librando alguna batalla”, dijo Kely, una joven de 15 años de Laredo, Texas.
“No se sabe lo que siente otra persona, por eso trato de ser amable.”
Y quienes rodean a Kely la describen precisamente como una persona amable. Kely es, en muchos sentidos, una típica estudiante de décimo grado: amigable, llena de alegría y de palabras de ánimo para sus seres queridos. Le encanta cantar Doja Cat, pasar tiempo con sus amigos, comer tacos al pastor y ver películas como El diario de la princesa y Clueless. Adora a sus dos perros y su clase favorita en la escuela es ciencias. Pero, a diferencia de la mayoría de los adolescentes, Kely ha atravesado durante gran parte de su vida tratamientos ortopédicos complejos.
Nació con deficiencia focal femoral proximal (PFFD), una afección congénita que afecta al desarrollo del fémur y la cadera. “Tenía el fémur más pequeño, solo tenía la tibia, y el pie apuntando hacia abajo, como el pie de una Barbie”, dijo Kely.
De niña, las caídas eran frecuentes. Pero nunca le impidieron probar cosas nuevas, como montar en bicicleta o patinar sobre ruedas.
“Sinceramente, siempre hice lo que quise, aunque me caía todo el tiempo”, dijo.
Cuando tenía 7 años, Kely comenzó un tratamiento ortopédico especializado en el Hospital Shriners para Niños de Texas. Le colocaron una prótesis de extensión que es común en pacientes con PFFD y comenzó fisioterapia. Su atención incluyó también consultas con el equipo de salud conductual, incluida la psicóloga Laura Rosenberg, Ph.D., quien la ayudó a hacer frente a los desafíos emocionales de su situación, especialmente las conversaciones relacionadas a la amputación.
“Siempre supe que era diferente, y no me importaba”, dijo Kely. “Pero luego, cuando tenía unos 10 o 12 años, me empezó a preocupar”.
Al entrar en la adolescencia, Kely se dio cuenta de que deseaba una prótesis que le ofreciera mayor flexibilidad y movilidad. Deseaba poder sentarse cómodamente en un coche o en un autobús sin tener que quitarse la prótesis. Anhelaba una extremidad que sintiera como una verdadera parte de su cuerpo. Gracias a la atención que recibió en Hospital Shriners para Niños de Texas, tuvo la oportunidad de conocer a otro paciente que también nació con PFFD. Al ver lo que era posible, Kely empezó a imaginar un nuevo futuro para sí misma. Tras una profunda reflexión, tomó la valiente decisión de proceder con la amputación del pie izquierdo en mayo de 2025.
“Fue un proceso”, dijo Kely. “Necesitaba tiempo para entenderme y aceptarme a mí misma. No habría tomado esta decisión de más pequeña. Pero sabía que con el Dr. Sanderson estaba en las mejores manos. Es un médico brillante y lo admiro muchísimo”.