Un jugador de fútbol corriendo delante de su equipo

El regreso de un apoyador

Conozca a Jaime

Era el primer partido de fútbol de la temporada para Jaime, y el estudiante de octavo grado estaba listo para salir al campo de juego.

Jaime jugaba al fútbol desde que tenía 7 años y ya se había ganado su lugar como apoyador. Estaba muy comprometido con el deporte que amaba. El primer cuarto se desarrolló tal como esperaba. Jaime se lanzó hacia el balón, logró hacer tres tackles y marcó el ritmo de la defensa. Pero en el segundo cuarto, todo cambió en un instante.

Otro jugador fue derribado y cayó justo sobre la pierna de Jaime. El impacto fue devastador. Jaime sufrió una fractura triple, dos en el tobillo y una en la pierna, que lo dejó tendido en el campo con un dolor intenso.

"Sentí como si solo estuviera parado sobre el tobillo, no sobre el pie", dijo Jaime. "Supe de inmediato que algo andaba mal. Empecé a gritar que estaba herido".

Desde el costado del campo, la madre de Jaime, Raquel, vio cómo la situación se convertía con rapidez en una pesadilla. Jaime permaneció allí tendido durante casi 45 minutos mientras los socorristas intentaban localizar la escuela secundaria.

"El campus era nuevo y nunca antes había tenido que ir una ambulancia", contó Raquel. "Lo único que podíamos hacer era esperar".

Una vez que llegó la ambulancia, Jaime fue trasladado a un centro de emergencia cercano. Pero en lugar de alivio, la familia se encontró con confusión y frustración. La comunicación era escasa y, si bien Jaime estaba fuertemente medicado, seguía sintiendo un dolor extremo. A pesar de las preocupaciones de la familia, el personal intentó realinear la lesión, lo que terminó por empeorar la situación.

"En ese momento, supe que debíamos irnos", relata Raquel.

Luego de salir del centro de emergencias, un amigo de la familia ayudó a Raquel a ponerse en contacto con un médico, quien sin dudarlo le recomendó al Dr. Cody Sanderson, MD, un cirujano ortopédico pediátrico del Hospital Shriners para Niños de Texas. Raquel pudo hablar por teléfono con el Dr. Sanderson esa misma noche. A la mañana siguiente, Jaime ya era su paciente.

Desde que llegó al Hospital Shriners para Niños de Texas, la situación cambió. El Dr. Sanderson se reunió con Jaime y Raquel y les explicó qué le había pasado a Jaime en la pierna y qué esperar a continuación. Explicó la gravedad de la lesión, describió los riesgos y preparó a la familia para las posibles complicaciones.

"Nos dio una charla sincera", dijo Raquel. "No endulzó nada, y por eso me sentí agradecida. Necesitaba saber exactamente a qué nos estábamos enfrentando".

Nunca he vivido una atención médica tan buena como ésta.
Raquel, mamá de Jaime

Debido a la hinchazón y a la complejidad de la fractura, la cirugía de Jaime se programó para una semana después. Durante el procedimiento, el Dr. Sanderson logró estabilizar la lesión con pocos implantes, colocando un tornillo y dos clavos. Los clavos se retiraron más tarde mientras Jaime sanaba, lo que permitió que su recuperación fuera más fluida.

Luego de la cirugía, Jaime comenzó un proceso de rehabilitación estructurado. Al principio usó silla de ruedas y, cuando la hinchazón fue disminuyendo, pasó a usar muletas. Le colocaron un yeso y, unas semanas después, lo reemplazaron por una bota para caminar. El Dr. Sanderson siguió de cerca el progreso de Jaime mediante visitas de seguimiento regulares y, en un par de meses, Jaime volvió a caminar. Cada avance requirió paciencia, sobre todo para el niño de 13 años que era un atleta activo en varios deportes.

“Hubo momentos en los que fue difícil”, dijo Jaime. “Pasé de jugar al fútbol todos los días a casi no poder moverme. Pero todo el mundo me repetía que tenía que ir paso a paso”.

Jaime encontró motivación en cada rincón del hospital. Sus terapeutas, enfermeros y médicos lo apoyaron en cada etapa de la recuperación. Incluso las interacciones breves, como las visitas a radiología y el tiempo que pasó en la sala de enyesado, dejaron en él una huella. Jaime también encontró inspiración en otros pacientes, algunos de los cuales se estaban recuperando de lesiones mucho más complejas que la suya. Ver la determinación que tenían le dio una perspectiva nueva.

“Aún no hemos conocido a una sola persona en Shriners que no fuera amable”, dijo Raquel. “Fue una experiencia aleccionadora para todos nosotros. Íbamos a las citas y veíamos niños salir sonriendo, algunos corrían con prótesis en las piernas. Eran niños pequeños. Jaime los veía y me decía: 'No tengo nada de qué quejarme'”.

Hoy, Jaime volvió hace poco a correr y continúa con fisioterapia enfocada en la movilidad del tobillo. Se está preparando para comenzar la escuela secundaria el año que viene y planea volver a jugar al fútbol, al béisbol y al básquet. Este mes, Jaime y Raquel asistirán al East-West Shrine Bowl, una experiencia que ambos esperan con ansias.

“No tengo palabras para describir lo positiva que ha sido nuestra experiencia”, dijo Raquel. “Ya habíamos ido a otros hospitales, pero desde el momento en que llegamos al Hospital Shriners para Niños de Texas y conocimos al Dr. Sanderson y su equipo, todo se sintió diferente. Desde el principio hasta ahora, nunca recibimos una atención tan buena como esta”.

El equipo que lo rodea

Jaime se rodea de compañeros de equipo que lo apoyan de maneras que se notan.

Un niño en silla de ruedas junto a su amigo en un partido de fútbol.

Jaime con su compañero de equipo, Jacob, durante un juego.

Un equipo de fútbol arrodillado en círculo

El equipo de Jaime se arrodilla a su alrededor antes de cada partido de fútbol.

Dos jugadores de fútbol en uniforme, hablando

Jaime habla con su compañero de equipo.

Dos jóvenes jugadores de fútbol sosteniendo sus cascos en un campo

Jaime de joven, encontrándose con Jacob después de un partido.

Un niño en silla de ruedas junto a otro adolescente en un partido de fútbol.

Jaime mira el partido con Ari.

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