Anaïs se desliza por el hielo con precisión y seguridad.
Esta campeona canadiense de patinaje sincronizado es claro ejemplo de determinación y la seguridad en sí misma.
Al verla hoy, cuesta imaginar que su experiencia empezó de una manera muy distinta, mucho antes de dar sus primeros pasos.
Anaïs fue diagnosticada antes de nacer con pie zambo bilateral, una afección en la que ambos pies están girados hacia adentro y hacia abajo. Sin tratamiento, el pie zambo dificulta mucho el caminar. Fue paciente del Hospital Shriners para Niños de Canadá desde sus primeros días de vida, donde se puso en marcha un plan de tratamiento especializado.
Su trayectoria de atención comenzó en la primera infancia, con una serie de yesos correctivos diseñados para realinear gradualmente los pies, seguido de cirugía y seguimiento a largo plazo. Bajo la dirección del Dr. Thierry Benaroch, MS, MD, FRCS(C), cada paso fue cuidadosamente planificado para apoyar su desarrollo y movilidad.
La familia recuerda en detalle un momento que fue decisivo. En una cita de seguimiento, invitaron a Anaïs a caminar delante de un grupo de estudiantes de medicina. El Dr. Benaroch la observó y anunció que ya no necesitaba usar la barra ortopédica. Este momento marcó el final de una etapa importante de su tratamiento y el comienzo de una nueva libertad.
Esa libertad rápidamente fue movimiento, más confianza e independencia. Anaïs comenzó a patinar sobre hielo a los 3 años y nunca lo dejó. Hoy día entrena varias veces por semana, compite a un alto nivel y complementa sus estudios con una exigente agenda deportiva. Ha tenido un constante y notable progreso. Se clasificó para las finales provinciales cuatro años seguidos y cuenta con nivel oro en patinaje individual.
Más recientemente, ella y su equipo de patinaje sincronizado ganaron la medalla de oro en la Copa Canadá, lo que las convirtió en campeonas canadienses, con una puntuación récord en su categoría. Ahora representa a Quebec a nivel nacional.
Además de sus logros deportivos, Anaïs también es paciente embajadora del Hospital Shriners para Niños de Canadá. Ella explica que su experiencia en el hospital fue significativa, y señala: “Cuando uno entra a Shriners, no se siente como en un hospital; se siente realmente bien”.