Con la ayuda de su cirujano y el personal del Hospital Shriners para Niños de Boston, hoy Thomas tiene un esófago totalmente diferente. “Gracias a ellos, hoy como con normalidad y he recuperado una parte muy importante de mi vida”.
Una quemadura, junto con los cambios en los hábitos alimenticios, puede ser una herida muy difícil de atravesar, ya que la comida es parte fundamental de la cultura humana y de la rutina diaria. Con el tipo de lesión de Thomas, la ingesta de alimentos por vía oral se limita o se suspende mientras el paciente se recupera y se le realizan los procedimientos quirúrgicos pertinentes. “Los pacientes pueden necesitar soporte nutricional enteral por un tiempo, que puede incluir diversas sondas de alimentación”, dijo Jennifer Shiel, MS, RD, LDN, nutricionista del Hospital Shriners para Niños de Boston. “Con el tiempo, recibirán complementación nutricional por vía oral en forma de suplementos, batidos de proteínas, alimentos altos en calorías”.
Para Thomas, aprender a comer por sí mismo fue un esfuerzo de equipo en el que participó personal médico de varios departamentos. “Después de una lesión por quemadura, hay que evaluar al paciente para poder determinar si la deglución es segura”, explicó Kathy Prelack, Ph.D, RD, directora de nutrición del Hospital Shriners para Niños de Boston. “Una vez que puedan comer, hay que asegurarnos de que ingieran suficientes calorías y proteínas para cubrir sus necesidades para la cicatrización de las heridas y para la terapia de rehabilitación”.
Un hito importante del proceso de recuperación de Thomas fue la primera vez que pudo comer helado en Shriners Boston sin sentir náuseas. “Recuerdo ese pequeña cucharadita de helado; mi madre estaba preocupada”, dijo Thomas. “En Perú no habría podido comer eso, pero aquí, en el Hospital Shriners para Niños de Boston, es diferente. Fue un alivio para mi ladre que todo saliera bien”.
Thomas recuerda con cariño al personal del Hospital Shriners para Niños de Boston, que tuvo un profundo impacto en su vida. Años después de ser dado de alta, Thomas recuerda el programa de musicoterapia y cómo lo inspiró a convertirse en pianista autodidacta. “Todavía recuerdo cuando llegué al séptimo piso del Hospital Shriners de Boston, donde el equipo de musicoterapia me recibió con tanta calidez”, dijo Thomas. “Se sentía como un patio de juegos dentro del hospital”.
La musicoterapia fue un rayo de esperanza para Thomas durante su recuperación. “Muchas personas, incluyéndome, necesitamos poder distraernos con algo en la estadía en el hospital, ya que es difícil lo que vivimos. La musicoterapia me ayudó mucho”, dijo. También contó que los miembros del personal iban a su habitación del hospital para tocar la guitarra o el piano. Era la primera vez que Thomas oía esos instrumentos. “La musicoterapia es una de las razones por las que me convertí en pianista, y para ayudar a otros a través de la música”.
Cuando no está trabajando, a Thomas le gusta pasar tiempo con su familia y llevar a sus hijos a sus diversas actividades. Además, comienza todos sus días tocando el piano, una pasión que desarrolló mientras se recuperaba de su lesión. “A los médicos y al personal de salud del Hospital Shriners para Niños de Boston, aunque hayan pasado muchos años y hayan visto muchas caras, los llevo siempre en mi corazón y en mis oraciones por toda la atención que me brindaron”.