“El personal se tomó la molestia de enseñarles a mis padres cómo impulsarme para hacer cosas”, dijo Ana. “Cómo ser padre o madre de una niña que es diferente. Mis padres siempre me decían: 'Inténtalo. Al menos inténtalo una vez. Así no te quedarás con la duda de qué podría haber sido'”.
Esa mentalidad llevó a Ana a probar un poco de todo. A lo largo de los años, ha participado en una variedad de deportes y actividades adaptadas, entre ellas el esquí acuático adaptado, fútbol adaptado e incluso bungee jumping. Asistió a Camp For All en Texas, un campamento sin barreras donde el personal la ayudó a crear un arnés especializado para practicar bungee jumping de forma segura.
“Me gusta la adrenalina”, dijo Ana entre risas.
El espíritu aventurero de Ana la ha llevado a recorrer el mundo. Uno de sus destinos favoritos es Bonaire, una isla caribeña conocida por sus oportunidades para bucear. Gracias a un contacto en el Hospital Shriners para Niños de Chicago, Ana consiguió la certificación oficial para bucear. Sobre este deporte, dice que es una de las cosas más emocionantes y a la vez relajantes que uno puede probar.
Las experiencias de Ana con Shriners Children's moldearon su infancia y sus gustos, pero también la ayudaron a hallar su trayectoria profesional.
Durante sus estudios universitarios en Ciencias Sociales, en sus años de pregrado, Ana participó en una pasantía en el Hospital Shriners para Niños de Texas. Allí colaboró con el personal de los departamentos de terapia y ayudó a las recepcionistas con las tareas de oficina, sintiéndose honrada de trabajar junto a quienes la habían cuidado como paciente. Tras obtener su máster en Trabajo Social, Ana volvió al hospital, esta vez para trabajar a tiempo completo como coordinadora de transición. Durante siete años, brindó apoyo a pacientes adolescentes en su transición a la la edad adulta, ayudando a las familias a abordar temas como el seguro médico, la vida independiente y la capacidad de los pacientes de defender sus intereses. Ana también organizaba campamentos de transición, donde los adolescentes podían practicar la independencia en un entorno de apoyo.
“Les enseñábamos cosas como a usar el transporte público, les hablábamos de la universidad, les enseñábamos a pedir citas y a gestionar sus medicamentos”, dijo. “Les ayudé a comprender cómo defender sus derechos y a prepararse para la vida una vez que se terminara la atención pediátrica”.
Ana continuó construyendo una impresionante carrera en el ámbito de la defensa de los derechos y el servicio a la comunidad. Tras dejar el Hospital Shriners, pasó 13 años en Houston Community College, donde dirigió un programa que ayudaba a estudiantes con autismo a obtener certificaciones y habilidades laborales. Actualmente, trabaja como subdirectora de servicios de atención en la Asociación ALS de Texas.
Al mirar hacia atrás, Ana dice que no es fácil identificar un logro en específico para destacar. “Supongo que hay cosas que doy por sentado, porque las hago y ya”, dijo. “Poder tener una carrera profesional, poder conducir un coche. Vivir la vida, nada menos que eso”.
En 2009, Ana alcanzó otro hito: fue coronada Miss Wheelchair de Texas. En ese cargo, viajó por todo el estado hablando sobre la importancia de la educación y el empoderamiento. En toda su trayectoria, Ana nunca perdió de vista la base que le proporcionó el Hospital Shriners para Niños de Texas.
“El Hospital Shriners para Niños de Texas fue una bendición”, dijo Ana. “El trabajo que hacen es increíble. Parte de mi éxito se debe a ellos, y les estoy muy agradecida por su apoyo”.