Melodie dijo que muy pronto se dió cuenta de que su padre tenía razón.
“Tan pronto como llegué, me estaban esperando con una bolsa con juguetes y libros”, dijo. “Y había otros niños que también se habían quemado y se parecían a mí”.
Pasó tres meses en el hospital, primero aprendiendo a sentarse, luego a pararse y finalmente a caminar. Recuerda que los cambios de vendaje y los injertos de piel fueron dolorosos, pero también recuerda haber corrido carreras de sillas de ruedas con otros pacientes, haber recibido regalos de Navidad y completar sus tareas de la escuela con el personal.
Melodie volvió a su casa en Indiana a los tres meses del accidente, pero siguió asisitendo a Shriners Children’s para revisiones y para que le ajusten las prendas de compresión.
No fue hasta la adolescencia que Melodie se enteró de que su padre nunca recibió ninguna factura por las semanas de atención que recibió.
“No puedo describir el sentimiento de alivio al saber que mi papá no tuvo que pagar por mi atención y que Shriners cubrió todos los gastos”, dijo.
Ahora que es madre de dos niños, Melodie recuerda su gratitud cada vez que ve a un Shriner.
“Siempre me detengo y le digo: ‘Yo estoy viva gracias a usted’”.