El círculo de cuidado de Kiki: Paciente, expaciente, defensora

La infancia de Kiki estuvo definida por un momento particular y devastador: un incendio en su casa en Vietnam, que le dejó quemaduras de tercer grado en las piernas, los brazos, las manos, los pies y parte de la cara.

Sus dos hermanas menores también sufrieron quemaduras graves. La tragedia llevó a la familia a Estados Unidos en busca de atención a la que no tenían acceso en su país de origen.

Su recorrido de recuperación empieza en 2002 en el Hospital Shriners para Niños de Boston, donde ella y sus hermanas recibieron atención especializada con gran calidez humana durante dos años. En 2004, la familia se mudó a Sacramento, y ella empezó a atenderse en el Hospital Shriners para Niños del Norte de California, donde sería paciente hasta los 21 años.

“Éramos muy pobres”, dijo Kiki. “Pero en Shriners Children’s, siempre nos brindaron la atención y los recursos, independientemente de nuestra capacidad de pago. Eso fue un gran alivio para mi papá”.

Una base de atención integral y trato humano

En el hospital en el norte de California, Kiki no solo se encontró con médicos experimentados: encontró una comunidad.

El Dr. Hugh Vu, MD, MPH, fue el cirujano plástico a cargo de una larga serie de procedimientos dolorosos pero cruciales: injertos de piel, colocación de varillas en sus brazos y dedos y rigurosa terapia. Ella superó el desafío de utilizar prendas de compresión, y su infancia estuvo marcada por cirugías.

“No tuve una infancia típica, por todas las cirugías”, dijo Kiki. “Pero a pesar de lo difícil que fue todo, estábamos contentos de estar en un hospital que nos apoyó y nos cuidó”.

El sistema de apoyo de Shriners Children’s resultó transformador. Ana, trabajadora social médica , fue una figura fundamental. Ayudó a la familia de Kiki a conseguir recursos, se aseguró de que tuvieran un techo y ropa, y los acercó a un mundo más amplio de sanación.

“Ana tuvo un gran impacto”, dijo Kiki. “Nos presentó al campamento de quemados, Champ Camp, y a los eventos con el Firefighters Burn Institute. “Esas experiencias fueron muy significativas”.

Un año, gracias a un esfuerzo de equipo, las hermanas consiguieron un viaje en limusina y entradas para un partido de los Kings. “Los trabajadores sociales fueron muy considerados. Colaboraron para traernos regalos de Navidad cuando teníamos muy poco”, dijo Kiki.

A veces, cuando uno llega a un hospital, pierde la esperanza. Shriners Children’s te devuelve esa esperanza. El apoyo se multiplica y tiene un gran efecto dominó.
Kiki, expaciente de Shriners Children's

Encontrar propósito en la experiencia vivida

Kiki vivió en carne propia lo que es ser atendida por un modelo de atención compasivo y lleno de recursos; esto sembró una semilla. La seguridad que sintió con el personal del hospital (hasta cuando se quedó sola antes de la cirugía porque su papá tenía que ir a trabajar), y el equipo de desarrollo infantil, que la cuidó con mantas y animales de peluche, la marcaron.

Ella llegó con esa inspiración a la Universidad de California en Berkeley, donde estudió trabajo social.

“Me pareció natural ser ingeniosa”, dijo Kiki. “Sabía que quería trabajar en un entorno hospitalario, pero no estaba segura de dónde ni cómo”.

Su camino quedó claro. Después de trabajar en San Francisco, llegó a Stanford Medicine Children’s Health en 2022 como trabajadora social de salud mental, para trabajar con adolescentes y familias. Ahora combina su experiencia clínica con su poderosa experiencia vivida como sobreviviente de quemaduras.

“Me enorgullece compartir mis experiencias vividas para ayudar a sanar y empoderar a las personas”, dijo Kiki, quien también lidera grupos de apoyo y da charlas, incluida una reciente para sobrevivientes de quemaduras. “Ayudar a las personas a apropiarse de sus historias y ver diferentes narrativas puede ser muy sanador. Es hermoso ver cómo un equipo de seguimiento que realmente se dedica, con campamentos y recursos, puede cambiar vidas”.

El efecto dominó y un impacto duradero

Para Kiki, Shriners Children’s era más que un hospital; era la comunidad que le había faltado en su infancia, la que le mostraba una vida más allá de sus heridas.

“Los campamentos y reuniones de sobrevivientes de quemaduras me ayudaron a verme más allá de las cicatrices. No es algo que se haya logrado de la noche a la mañana, pero he avanzado muchísimo”, afirmó. “No se trata de lo que haces en la vida, sino de cómo puedes ver y disfrutar la vida a pesar de todo”.

Cuando se le preguntó qué les diría a los donantes de Shriners Children’s, su mensaje es de profunda gratitud.

“El impacto del apoyo monetario es muy importante para ayudar a las personas en su proceso de sanación y a que puedan encontrar una comunidad”, dijo Kiki. “A veces, cuando uno llega a un hospital, pierde la esperanza. Shriners Children’s te devuelve esa esperanza. El apoyo se multiplica y tiene un gran efecto dominó”.

Kiki se reúne con el personal del Hospital Shriners para Niños del Norte de California en la reunión anual de la Asociación Estadounidense de Quemaduras.

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