Expaciente atendido por polio devuelve el favor: La historia de transformación de Danny

Danny, expaciente del Hospital Shriners para Niños de Nueva Inglaterra.
Danny era apenas un bebé cuando la poliomielitis cambió sutilmente el curso de su vida. Su infancia transcurrió a principios de la década de 1950, antes de que las vacunas estuvieran disponibles para la mayoría de la población y cuando muchas familias carecían de una atención médica confiable. Sus padres notaron que algo andaba mal. Aun así, se tardó más de un año en comprender realmente la causa.
“A los nueve meses todavía no caminaba”, contó Danny. “No resultó obvio que había un problema hasta que empecé a intentar caminar y no paraba de caerme”.
Cuando Danny cumplió 3 años, ya podía moverse, pero con una movilidad limitada. La poliomielitis le había afectado la pierna derecha, que presentaba un crecimiento deficiente. Su andar era inestable, y cada paso era un recordatorio del daño silencioso causado por la enfermedad. Desde los 5 hasta los 8 años, iban a un zapatero para modificar todos sus pares de zapatos, para ayudarle a mantener el equilibrio.
Pero la vida de Danny cambió cuando tenía 9 años, gracias a una conversación casual entre su padre y un Shriner, Harry Woodward de los Shriners de Kora. Gracias a ese diálogo, la familia se acercó a una clínica de extensión de Shriners Children's en Lewiston, Maine, y eventualmente llegaron al Hospital Shriners para Niños de Nueva Inglaterra en Springfield, Massachusetts. Corría el año 1962 y, por primera vez en su vida, Danny salió de Maine y se alejó de su familia para someterse a un tratamiento que marcaría el resto de su futuro.
“Solo tenía 9 años”, dijo Danny. “Estar lejos de mi familia y de todo lo que me resultaba familiar me daba miedo. Sin embargo, el personal hizo todo lo posible para que fuera lo más fácil y cómodo posible. Me cuidaron como si fuera de su propia familia”.
Su llegada al hospital fue inolvidable: un niño de 3 años con un yeso, llorando en una cuna a las 6 de la mañana.
“Toda el ala empezó a llorar a coro. Fue un caos”, dijo Danny, riendo.
Pero a la semana lo trasladaron a la sala de niños mayores, y pronto se sometió a la primera de varias cirugías que le cambiarían la vida.
Con una intervención quirúrgica, le modificaron la orientación de un músculo del pie derecho, lo que le permitió levantarlo y caminar con mayor firmeza por primera vez. En otra intervención, se frenó el crecimiento de la pierna izquierda para permitir que su pierna derecha se desarrollara al mismo ritmo. Regresó en intervalos regulares desde los 9 hasta los 15 años para revisiones, fisioterapia y más cirugías, independientemente de la capacidad de pago de la familia.
Pero el Hospital Shriners para Niños le brindó algo más que movilidad. En los meses de recuperación, Danny descubrió algo más que le cambiaría la vida: la lectura.
“Cuando llegué, me costaba leer. Tenía dificultades en la escuela. Pero encontré una estantería llena de libros de los Hardy Boys, y como tenía tiempo libre, un yeso y no mucho más que hacer, aprendí a leer por mi cuenta. Para cuando regresé a la escuela en otoño, había pasado de estar por debajo del nivel de mi grado a estar adelantado”.
“Esto no pretende en absoluto restarle importancia al resultado que tuvieron las cirugías”, dijo Danny, “pero aprender a leer bien, de forma eficaz, rápida y comprendiendo lo leído, lo cambió todo para mí. Diría que eso ha sido tan importante como la atención médica”.
Danny desarrolló una exitosa carrera en la industria de servicios públicos de gas natural para el estado de Maine, en la que ascendió puestos y llegó a ser un respetado líder en su sector. Hoy en día, nadie adivinaría que tuvo poliomielitis.
“Gracias a Shriners, ya no me vieron más por mis limitaciones físicas. Me vieron por mis habilidades técnicas”.
Ahora, Danny devuelve el favor y dona con orgullo al Hospital Shriners para Niños de Nueva Inglaterra, para ayudar a otros niños a recibir las mismas oportunidades que cambiaron su vida.
“Gracias a Shriners tuve la oportunidad de tomar las riendas de mi futuro. Por eso siento la obligación de retribuir”.
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