En 1988, a los 7 años, Eduardo emigró a Estados Unidos desde Nicaragua con su madre y su hermano.
Fue un viaje impulsado por la esperanza y la determinación de una madre por encontrar una solución al doloroso ciclo de tratamientos que cumplía su hijo.
A Eduardo le habían diagnosticado enfermedad de Legg-Calvé-Perthes a los 4 años. Esta enfermedad es causada por la interrupción de la irrigación sanguínea a la cabeza femoral. Esto puede derivar en una necrosis y destrucción del hueso de la cabeza femoral. Cuando se interrumpe la irrigación de la sangre a la cabeza femoral, esta comienza a destruirse y perder su forma esférica, que dificulta el ajuste y la movilidad adecuados en la cavidad de la cadera. Esto incide sobre la movilidad, causa dolor y puede provocar osteoartritis de aparición temprana.
Durante tres años en Nicaragua, su tratamiento consistió en: enyesado Petrie de pierna completa: tres semanas de yeso, una semana de descanso, durante un período de tiempo indeterminado.
“Estaba todo el día sentado en una silla con unas varillas de madera entre las rodillas y los tobillos”, dijo Eduardo. “La semana que me quitaban la escayola, me decían que no apoyara el pie ni caminando ni corriendo, pero claro, no paraba de correr de acá para allá”.
Cuando un grupo de profesionales de Shriners Children's hicieron una visita a Nicaragua, su madre se enteró de que en Estados Unidos existía un tratamiento mejor y más definitivo. Como madre soltera, tomó una decisión que le cambió la vida: vendió su negocio y mudó a la familia a Sacramento para estar cerca de la atención disponible en el Hospital Shriners para Niños del Norte de California en San Francisco.
Un nuevo camino hacia la curación:
En el Hospital Shriners para Niños del Norte de California, se terminaron los yesos constantes. Eduardo entró en fase de observación con radiografías y evaluaciones físicas, durante la cual limitó su actividad física.
Durante los dos años siguientes, su enfermedad de Legg-Calvé-Perthes entró en fase de reosificación, el proceso de formación de hueso nuevo, en el que se vuelve a crear tejido óseo. Poco a poco, fue pudiendo hacer cada vez más cosas con un menor riesgo de lesiones.
Liberado de las limitaciones de su enfermedad, Eduardo experimentó una excelente mejoría física. En la escuela secundaria, pudo practicar tenis y atletismo de campo traviesa sin ninguna limitación. Shriners Children’s le ayudó a recuperar la movilidad y sembró en él una semilla silenciosa pero persistente para su futuro.
“A partir de mi propia experiencia en el Hospital Shriners para Niños, siempre sentí que trabajar en el campo de la medicina era mi meta profesional”, dijo Eduardo.