Ashley destaca una experiencia en particular destaca que la ayudó a aliviar su ansiedad ante la perspectiva de someterse a repetidas cirugías. “Pregunté si podía entrar al quirófano con las gafas puestas, ya que normalmente me las quito antes de la cirugía. Me pareció una experiencia genial ver todas las máquinas y cómo estaba armado el quiófano. Algo que provocaba mis nervios era entrar al quirófano, pero después de verlo con claridad, me dejó de asustar”.
Ashley recuerda a otros médicos del Hospital Shriners para Niños de Boston cuyo trabajo dejó huellas, incluido el cirujano plástico Mattias Donelan, MD, ahora jubilado. “El Dr. Donelan fue mi cirujano hasta mi última intervención”, dijo. “No tengo palabras para agradecerle lo suficiente”. La enfermera Jeanne MacDonald ayudó a poner en práctica técnicas de relajación que acompañaron a Ashley en cada cirugía. “La enfermera Jeannie tuvo un impacto muy positivo en mi vida y siempre se aseguró de que tuviera todo lo que necesitaba para no sentir tanta ansiedad. Es la mejor enfermera que he tenido. La echaré mucho de menos”.
La fotógrafa médica Sue Brogna era otro rostro conocido que Ashley esperaba con ilusión ver en cada visita. “Siempre supo cómo hacerme reír y era la alegría de cada lugar en el que estaba”, dijo Ashley. “Me tomaba fotos estupendas de mi cara y de mi progreso, y siempre me hacía mucha ilusión verla”.
A medida que Ashley iba teniendo más confianza en sí misma durante su tratamiento en el Hospital Shriners para Niños de Boston, también logró apreciar más su individualidad. “Tener una marca de nacimiento te hace único. Cuando uno va creciendo con una marca, aprende a aceptarla y a valorarla”.
Ashley actualmente cursa su último año de universidad, está realizando prácticas en dos escuelas primarias y espera con muchas ganas volver al campamento de verano donde ha trabajado durante los últimos cinco años. Le encanta trabajar con niños, y espera seguir haciéndolo como ergoterapeuta pediátrica, idealmente en Shriners Children's.
Ashley rememora su experiencia con gratitud y tiene palabras de aliento para otros pacientes que estén pasando por algo similar. “Los hematomas y la recuperación fueron algo incómodos, pero a la larga valió la pena”, dijo. “Puede dar miedo, pero no hay nada de qué preocuparse, porque tienes al mejor equipo, que te va a cuidar de la mejor manera. Sé que llegarás a amar el Hospital Shriners de Boston tanto como yo lo amé”.