“La macrodactilia es poco frecuente, y el tratamiento no es cuestión de apariencia, sino de función” explicó la Dra. Janay McKie, M.D., jefa de personal de ortopedia en el Hospital Shriners para Niños de Texas. “Nuestro objetivo para Emily era crear un pie que funcionara mejor a largo plazo. Para esto, hubo que reducir con sumo cuidado el hueso y tejido blando aumentado y, finalmente, quitar el dedo más afectado para que pudiera caminar con más comodidad y confianza”.
La decisión no fue apresurada. Emily y su familia trabajaron en estrecha colaboración con su equipo de atención, incluidos los servicios de psicología, para garantizar que se sintiera apoyada y empoderada durante todo el proceso.
“Emily invirtió en sí misma y eligió un camino que le permitirá moverse por la vida con mayor comodidad. Me alegro de haber podido colaborar con ella y ser parte de su recorrido”, dijo la Dra. McKie.
Ahora, Emily tiene un yeso, que deberá llevar por seis semanas, y pronto comenzará fisioterapia. La recuperación requiere paciencia, pero si le preguntas, ya está planeando su regreso al campo de golf.
Para los padres que atraviesan experiencias ortopédicas similares, la historia de Emily sirve de recordatorio de que, con la atención y el apoyo adecuados, los niños pueden volver a hacer lo que aman: embocar un putt, tocar una canción favorita en la guitarra o simplemente caminar con confianza hacia el futuro.