En el Hospital Shriners para Niños de Lexington vive un legado de servicio y generosidad

cuatro adultos sosteniendo un cheque de donación grande

Don Brockman, presidente de la Junta de Gobierno de Shriners Lexington; Jim Robinette, miembro de la junta de Shriners Lexington; Jerry Felts y Sheyla Felts entregan un cheque por $373.487,39 a Shriners Children's Lexington en memoria de Harold y Georgia Travis.

Georgia y Harold Travis nunca dieron para obtener reconocimiento. Para ellos lo importante eran las personas, e intervenían silenciosamente cuando más se necesitaba ayuda.

Su compromiso con servir se convirtió en un legado duradero a fines de 2025, cuando la familia Travis hizo llegar al Hospital Shriners para Niños de Lexington una donación de $373.000 que se había destinado en el patrimonio de la pareja. Este regalo inesperado apoyará la atención a los pacientes, la innovación y el acceso para los niños durante los próximos años.

Un regalo que sorprendió a todos

El regalo fue inesperado hasta para el personal del Hospital Shriners para Niños de Lexington.

“No teníamos idea de que esto iba a suceder”, dijo Cambry Gossett, director senior de Filantropía del centro médico. “Donaciones como esta no llegan a nuestras instalaciones muy a menudo, así que no me alcanzan las palabras para agradecerles”.

Para Jerry y Sheyla Felts, familiares de los donantes, ambos de Corbin, Kentucky, saber que se había realizado esta donación fue solo una parte de comprender el impacto que Georgia y Harold esperaban generar. Para dimensionar de verdad este impacto, también visitaron las instalaciones de Lexington.

Jerry y Sheyla recorrieron el hospital, caminaron por los pasillos, aprendieron cómo ha avanzado la atención y vieron de primera mano cómo ayudamos a los niños y a las familias en cada etapa del tratamiento. Por momentos, la experiencia fue emotiva.

“Nos afectó mucho”, dijo Sheyla. “Al ver lo que pasa aquí, al ver a los niños, uno entiende de inmediato por qué esto significó tanto para ellos”.

Una vida dedicada al servicio

Georgia E. Travis nació el 27 de julio de 1925 en Alva, Kentucky. Su vida estuvo marcada por la generosidad y el liderazgo humilde. Después de una larga carrera en BellSouth, donde se jubiló como subgerente, Georgia siguió profundamente involucrada en su comunidad. Fue miembro de Eastern Star y Telephone Pioneers. Todos la conocían por ayudar a familiares, vecinos y ministerios locales siempre que veía una necesidad.

Georgia murió el 14 de junio de 2025. Tenía 99 años.

Los más allegados a ella recuerdan a alguien que ayudaba sin tapujos, ya sea a través de apoyo financiero, estímulo o simplemente dando una mano cuando alguien lo necesitaba.

“Ella creía en dar como forma de vida”, dijo Sheyla.

Su esposo, Harold B. Travis, compartía la misma mentalidad de servicio. Fue veterano del ejército de EE. UU., donde se retiró como coronel, continuó su vida de servicio participando activamente de Capital City Shrine Club y los Shriners de Oleika. Se desempeñó como presidente del Capital City Shrine Club en 1985, donde quedó claro su liderazgo y su compromiso de apoyar a los niños en la misión de Shriners International.

Juntos, Georgia y Harold vivieron sus valores con coherencia: dando silenciosamente y sin esperar un aplauso.

una fotografía escaneada de una pareja de ancianos

Harold y Georgia Travis se sientan juntos en la Legión Estadounidense.


Un cariño por los niños

Aunque nunca tuvieron hijos propios, Harold y Georgia sentían un enorme aprecio por los niños y las familias. Su apoyo a Shriners Children’s fue más allá de las contribuciones financieras.

Jerry dijo que Harold había sido Roadrunner durante un tiempo, es decir que se encargaba del transporte de los niños y familias de ida y vuelta a las citas médicas, para garantizar que pudieran acceder a la atención.

“No sólo creían en la misión”, dijo Jerry. “Vivían la misión”.

Finalmente, su convicción derivó en la decisión de dejar un regalo que continuara cuidando a los niños mucho después de que ellos ya no estuvieran.

Un legado que continúa

Para Jerry y Sheyla Felts, ver cómo se utilizará el regalo confirmó que el legado de sus seres queridos está exactamente donde pertenece.

“Es emotivo”, dijo Jerry. “Pero también es reconfortante saber lo que va a significar esto para los niños y las familias que necesitan este lugar”.

A tono con el centenario del Hospital Shriners para Niños de Lexington este año, la historia de Georgia y Harold Travis sirve como recordatorio de que una vida dedicada al servicio puede construir un futuro: un niño, una familia y un acto de generosidad a la vez.

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